- La lavadora acumula humedad, jabón, cal y suciedad, por lo que necesita limpiezas internas periódicas para evitar malos olores y fallos.
- Las zonas clave a limpiar son tambor, goma, filtro y cajetín del detergente, combinando ciclos en vacío con agua caliente y limpieza manual.
- El uso correcto de detergentes, productos antical y limpiadores específicos, junto con una buena ventilación, mantiene la máquina en perfecto estado.
- Los hábitos diarios de secar la goma, dejar la puerta abierta y revisar bolsillos alargan la vida útil del electrodoméstico y mejoran el resultado del lavado.
Puede sonar raro, pero sí, tu lavadora también se ensucia. Ese electrodoméstico al que le confías toda tu ropa acumula jabón, cal, pelusas, humedad y hasta moho en rincones que no se ven. Y cuando eso pasa, lo notas enseguida: aparecen malos olores, manchas en las prendas, ciclos que no desaguan bien o programas que parecen no dejar la ropa tan limpia como antes.
La buena noticia es que con una rutina de limpieza sencilla y constante puedes tener la lavadora como nueva durante años, evitando averías y esas peste a humedad tan desagradables que se pegan a las prendas. A continuación tienes una guía muy completa basada en lo que recomiendan fabricantes, servicios técnicos y organizaciones de consumidores, explicada en un lenguaje claro y con trucos prácticos para usar en casa.
Secciones del artículo
- 1 Por qué es importante limpiar la lavadora con regularidad
- 2 Cada cuánto hay que limpiar la lavadora
- 3 Causas de los malos olores en la lavadora
- 4 Cómo limpiar la lavadora por dentro: tambor y circuitos
- 5 Cómo limpiar la goma de la lavadora a fondo
- 6 Cómo limpiar el filtro de la lavadora paso a paso
- 7 Cajetín del detergente: foco de moho y restos de producto
- 8 Uso de productos específicos, vinagre, lejía y bicarbonato
- 9 Cómo eliminar el mal olor instalado en la lavadora
- 10 Consejos diarios y semanales para mantener la lavadora limpia
- 11 Cómo prevenir la cal y alargar la vida de la lavadora
Por qué es importante limpiar la lavadora con regularidad
La lavadora trabaja siempre con agua, humedad y restos de suciedad, el caldo de cultivo perfecto para bacterias, moho y biofilm. A esto se suma que muchas personas lavan casi siempre con agua fría o programas eco, que consumen menos, pero también desinfectan menos el interior del aparato.
En cada colada se quedan restos de detergente, suavizante, cal, pelusas y suciedad tanto en el tambor como en las gomas, tuberías, cajetín y filtro. Si no se eliminan de vez en cuando, terminan formando capas pegajosas en las que se enganchan aún más restos. El resultado es esa mezcla de olor a cerrado, manchas grises y posible obstrucción de desagües.
Además del olor, la falta de limpieza puede provocar fallos de funcionamiento: la lavadora no desagua bien, se para a mitad del programa, aparece agua en el tambor al final del ciclo o incluso puede dar errores por atasco en el filtro o en la bomba.
Por eso los expertos recomiendan hacer una limpieza a fondo varias veces al año y pequeñas tareas de mantenimiento más frecuentes (por ejemplo, secar la goma o dejar la puerta abierta tras cada lavado) para evitar que la suciedad se acumule.

Cada cuánto hay que limpiar la lavadora
La frecuencia ideal depende de cuánto la uses, pero como referencia, se aconseja limpiar el interior de la lavadora entre 3 y 4 veces al año como mínimo. Algunas marcas recomiendan una vez al mes si haces muchas coladas o lavas ropa muy sucia.
Una buena pauta orientativa sería esta, ajustándola a tu caso:
- Limpieza general interna (tambor, goma, cajetín, filtro): al menos cada 3 meses.
- Limpieza rápida de goma y secado: después de cada lavado o varias veces por semana si la usas mucho.
- Ciclo de lavado en vacío con agua caliente: una vez al mes para desinfectar el tambor y tuberías.
- Limpieza del filtro: un par de veces al año como mínimo, y siempre que notes problemas de desagüe.
Si notas que la ropa sale con olor raro, manchas o el tambor huele a humedad, adelanta la limpieza aunque no haya pasado el tiempo recomendado. Esa es la señal de alarma más clara.
Causas de los malos olores en la lavadora
Ese típico olor a moho, cerrado o humedad suele tener explicación muy concreta. No es solo “olor a viejo”, sino la consecuencia de varias cosas que se combinan:
Por un lado, la ropa entra con sudor, grasa, polvo o restos orgánicos, y no siempre se eliminan por completo. Por otro, el detergente y el suavizante que sobran se quedan pegados en el tambor, cajetín y goma, sobre todo si echas más cantidad de la necesaria o usas productos de baja calidad.
Si además no dejas ventilar la lavadora (puerta cerrada siempre, cajetín sin abrir) la humedad queda atrapada y ahí es donde empieza la fiesta de las bacterias y hongos. Estas colonias son las responsables de que, con el tiempo, todo el interior coja un olor muy desagradable.
También contribuyen mucho los depósitos de cal en zonas de agua dura. La cal se mezcla con detergente y suciedad, formando una capa dura que protege ese biofilm de residuos y complica su eliminación si no actúas a tiempo.
Por último, un filtro sucio u obstruido empeora el vaciado, hace que el agua sucia se quede más tiempo en el interior y, en ocasiones, que vuelva hacia el tambor, impregnando la ropa con ese olor a “no se ha aclarado bien”.

Cómo limpiar la lavadora por dentro: tambor y circuitos
La base de todo es hacer periódicamente un ciclo de limpieza interna en vacío, con el tambor sin ropa. Muchas lavadoras modernas traen un programa específico llamado “Limpieza del tambor” o similar; si tu modelo lo incluye, es el que debes usar.
En ese caso, con el tambor completamente vacío, añade un producto específico limpiamáquinas siguiendo las instrucciones (puede ser líquido, en polvo o en pastillas que se introducen directamente en el tambor) y selecciona el programa de limpieza, que suele funcionar con agua muy caliente.
Si tu lavadora no tiene un programa propio, puedes utilizar el programa de algodón a 90 ºC o el ciclo más largo y caliente que tenga tu aparato. De nuevo, hazlo en vacío y añade el limpiador recomendado por el fabricante, un producto antical o, según prefieras, vinagre blanco y, en algunos casos, bicarbonato sódico o percarbonato (salvo que el servicio técnico de tu marca lo desaconseje expresamente).
Las recomendaciones de los servicios técnicos no siempre coinciden: algunas marcas desaconsejan mezclar vinagre y bicarbonato en el interior porque podrían afectar a determinadas piezas con el uso repetido, mientras que otras guías domésticas sí lo proponen para disolver cal y jabón. Si quieres ir sobre seguro, opta por un limpiador comercial específico o por el vinagre solo, sin mezclas agresivas.
Tras ese primer ciclo caliente, es buena idea lanzar un programa corto de aclarado en vacío para asegurarte de que no quedan restos de productos en el tambor ni en las tuberías internas.
Cómo limpiar la goma de la lavadora a fondo
La goma de la puerta (en lavadoras de carga frontal) es uno de los puntos más delicados y problemáticos. Ahí se acumula de todo: agua estancada, pelusas, restos de jabón, monedas, horquillas, botones… y, cómo no, moho. Si huele mal la lavadora, lo normal es que buena parte del problema esté ahí.
Antes de ponerte manos a la obra, apaga y desenchufa la lavadora. Abre bien la puerta y tira suavemente de la goma hacia ti, sin sacarla de su sitio, solo para dejar a la vista los pliegues interiores donde se esconde la suciedad.
Para limpiar, puedes usar diferentes productos según el estado de la goma:
- Lejía o cloro diluido: muy eficaz para moho resistente, pero requiere guantes, buena ventilación y cuidado de no manchar ropa ni suelos.
- Vinagre de limpieza o vinagre blanco: opción más suave y respetuosa, adecuada para limpiezas frecuentes y suciedad moderada.
- Limpiador de lavadoras o desinfectante específico: ideal si quieres seguir las recomendaciones de marcas o de la OCU.
Humedece una bayeta o paño con el producto elegido (lejía siempre muy bien diluida, si la usas) y frota toda la goma, entrando bien en los pliegues. Si hay manchas secas o moho incrustado, deja que el producto actúe unos minutos y ayuda con un cepillo de dientes viejo para llegar a las zonas más estrechas.
Algunos trucos muy útiles consisten en empapar un trapo con lejía y dejarlo colocado dentro de la goma unos 20-30 minutos para que reblandezca el moho antes de frotar, o repetir el proceso con vinagre en limpiezas de mantenimiento si no quieres usar cloro.
Cuando termines de frotar, pasa un paño limpio y seco para retirar restos de producto y suciedad desprendida. Es importante dejar la goma completamente seca para que no vuelva a acumularse humedad inmediatamente.

Cómo limpiar el filtro de la lavadora paso a paso
El filtro es el encargado de retener pelusas, hilos, objetos pequeños y suciedad gruesa que llega desde el tambor. Si no lo limpias, se puede saturar tanto que la lavadora deje de desaguar bien, se bloquee o incluso marque errores de bomba.
Normalmente, el filtro se encuentra en la parte baja del frontal de la lavadora, en una trampilla o zócalo. En algunos modelos de carga superior cambia de ubicación, por lo que siempre conviene echar un ojo al manual del aparato.
Para limpiarlo sin montar un desastre de agua, sigue estas indicaciones generales:
- Asegúrate de que la lavadora está apagada y desenchufada. Si es posible, haz antes un ciclo de vaciado.
- Coloca un recipiente plano, barreño o trapos debajo de la tapa del filtro para recoger el agua que caerá al abrir.
- Abre la tapa, gira el tapón del filtro con la mano (o con una moneda si el diseño lo pide) y sácalo despacio para que el agua salga poco a poco.
- Cuando lo tengas fuera, retira a mano los objetos grandes y luego lávalo bajo el grifo con agua caliente y jabón, ayudándote de un estropajo suave o un cepillo de dientes para las ranuras.
- Aprovecha para limpiar también el hueco donde se aloja el filtro, retirando restos de suciedad con una bayeta o cepillo pequeño.
- Sécalo bien y vuelve a colocarlo, asegurándote de que queda perfectamente enroscado y cerrado para evitar fugas.
Un filtro sucio suele delatarse porque la lavadora deja agua en el tambor al finalizar, tarda mucho en desaguar o la ropa aparece con pelusas y suciedad adherida. Siempre que detectes algo así, revisa el filtro aunque no toque por calendario.
Cajetín del detergente: foco de moho y restos de producto
El cajetín es un auténtico imán para el detergente mal disuelto, el suavizante seco y el moho. Paradójicamente, es uno de los rincones que más se olvidan, aunque tenga contacto constante con productos de limpieza.
Casi todos los cajetines son extraíbles. Basta con tirar hacia afuera y, cuando haga tope, levantar ligeramente o presionar una pestaña interior para sacarlo del todo. Si dudas, revisa las instrucciones del fabricante.
Una vez fuera, enjuágalo con agua caliente bajo el grifo, retirando a mano los pegotes de detergente y suavizante. Si hay mucha suciedad o restos secos difíciles, puedes dejarlo a remojo en un cubo con agua caliente, jabón y un chorro de vinagre durante 15-20 minutos.
Para dejarlo perfecto, utiliza un estropajo suave o un cepillo pequeño (por ejemplo, uno de dientes viejo) y repasa todos los recovecos. En caso de moho o manchas negras en la zona fija donde se inserta el cajetín, puedes limpiar con una dilución suave de lejía en agua o con un limpiador desinfectante, siempre aclarando muy bien después.
La clave para que no se ensucie tan rápido es no excederse con las dosis. Demasiado detergente no lava mejor: solo se acumula, dispara el consumo y genera más residuos pegajosos. Lo ideal es respetar las cantidades que indica el fabricante del producto y adaptarlas a la dureza del agua y la carga de ropa.
Uso de productos específicos, vinagre, lejía y bicarbonato
En el mercado existen numerosos limpiadores específicos de lavadoras: algunos vienen en formato líquido, otros en polvo y muchos se presentan como pastillas efervescentes que se colocan directamente en el tambor y se activan con un ciclo de agua caliente.
Este tipo de productos están diseñados para disolver cal, jabón incrustado, grasa y biofilm en las tuberías, tambor y goma, a la vez que neutralizan malos olores. Su principal ventaja es que son sencillos de usar (echas la dosis indicada y pones el programa recomendado) y suelen indicar con qué frecuencia aplicarlos, por ejemplo, una vez al mes o cada 15 días.
También hay limpiadores multifunción en pastillas pensados para varias aplicaciones al año; algunas presentaciones incluyen hasta 24 unidades, suficientes para mantener limpia la lavadora durante 12 meses usando una o dos pastillas al mes según las indicaciones.
Como alternativa casera, el vinagre blanco de limpieza es un aliado clásico: ayuda a eliminar cal ligera, neutralizar olores y desprender restos de jabón. Se suele utilizar añadiendo media o una taza en el cajetín del detergente y programando un ciclo en vacío con agua caliente (60 ºC o más).
La lejía es muy eficaz desinfectando y eliminando moho, pero conviene manejarla con precaución, siempre diluida, con guantes y ventilación. Se puede usar en el cajetín de la lejía o directamente en la goma, pero no es recomendable abusar de ella en el interior de la máquina para no dañar componentes con el tiempo.
En cuanto al bicarbonato y el percarbonato sódico, ayudan a reforzar la acción limpiadora y desodorante, sobre todo si la lavadora lleva mucho tiempo sin limpiarse. Sin embargo, no todas las marcas están de acuerdo en su uso continuado mezclado con vinagre, así que, si quieres evitar riesgos, utiliza estos ingredientes de forma puntual o apuesta por un limpiador comercial avalado por el fabricante.
Cómo eliminar el mal olor instalado en la lavadora
Cuando el olor a humedad o a “río sucio” ya se ha metido en la lavadora y en la ropa, hace falta una limpieza mucho más profunda y encadenada. No basta con un solo ciclo; conviene combinar varias acciones.
Un método eficaz es realizar primero un ciclo corto con agua caliente y una buena cantidad de vinagre (por ejemplo, medio litro o incluso una botella entera si el olor es muy intenso). Este ciclo ayuda a arrastrar parte de la suciedad y neutralizar el hedor.
Tras ese lavado, deja la puerta y el cajetín abiertos durante varias horas o todo el día, de manera que el interior pueda secarse completamente. La ventilación es clave para frenar el crecimiento de bacterias y hongos.
Si el olor sigue siendo fuerte, puedes recurrir a un limpiador específico de lavadoras y ejecutar un programa largo y caliente en vacío, combinando después con la limpieza manual de goma, filtro y cajetín como se ha explicado antes.
Algunas guías de limpieza doméstica también recomiendan colocar un recipiente con bicarbonato de sodio dentro del tambor y dejarlo allí varias horas o toda la noche, ya que el bicarbonato actúa como absorbente de olores y ayuda a secar el ambiente interior.
Consejos diarios y semanales para mantener la lavadora limpia
Más allá de las limpiezas intensivas, hay pequeños gestos que, repetidos a diario o semanalmente, evitan que la lavadora se convierta en un foco de suciedad y averías. Son rutinas muy simples pero marcan una gran diferencia a largo plazo.
Después de cada lavado, acostúmbrate a dejar la puerta entreabierta y, si es posible, también el cajetín del detergente. Así se airea el interior y se seca la humedad que queda en el tambor y la goma.
Seca con un paño o bayeta la goma de la puerta, al menos por la parte que ves, retirando gotas de agua visibles y cualquier papel, pelusa u objeto que haya quedado ahí atrapado. Este gesto minimiza la aparición de moho y mancha negra.
Vigila siempre la carga de ropa: no llenes la lavadora hasta arriba, respeta el peso máximo indicado y deja un pequeño espacio libre para que la ropa se mueva. Sobrecargarla no solo lava peor, también hace que la suciedad se quede más en la máquina.
Revisa los bolsillos antes de meter la ropa, para evitar que monedas, papeles, pañuelos, tornillos o bisutería terminen en el filtro o incrustados en la bomba. También es buena idea comprobar el tambor y la goma al terminar el ciclo, por si se ha soltado algún objeto pequeño.
Una vez a la semana o cada pocas coladas, puedes hacer un lavado en vacío con agua caliente y un poco de lejía o de vinagre en el cajetín (sin mezclar productos entre sí), para mantener el interior desinfectado y los conductos más limpios.
Cómo prevenir la cal y alargar la vida de la lavadora
En las zonas donde el agua es dura, la cal es uno de los grandes enemigos de la lavadora. Se va depositando poco a poco en resistencias, tuberías y partes internas, reduciendo la eficiencia del calentamiento y favoreciendo que se pegue aún más suciedad.
Para minimizar este problema, puedes utilizar en cada lavado o de forma periódica un producto antical específico para lavadoras, o bien incluir un limpiamáquinas cada ciertos meses que ayude a arrastrar los depósitos internos.
Otra medida útil es ajustar la cantidad de detergente a la dureza del agua: muchas marcas indican en el envase cuánto hay que echar si el agua es blanda, media o dura. Un exceso de detergente con agua dura genera más residuos pegajosos y complica la limpieza.
Además conviene revisar de vez en cuando las mangueras de entrada y salida de agua, comprobando que no hay fugas, estrangulamientos ni signos de desgaste que puedan provocar problemas mayores. Un mantenimiento básico prolonga mucho la vida útil del aparato.
Si a pesar de todas estas medidas sigues notando olores persistentes, problemas de drenaje o ruidos extraños, puede que el problema esté en el sistema de desagüe de la vivienda o en la bomba interna de la lavadora. En esos casos, lo más prudente es contactar con un técnico profesional para una revisión.
Con todo lo anterior, tener la lavadora siempre a punto es cuestión de combinar unos pocos hábitos diarios (ventilar, secar la goma, revisar bolsillos y cargas) con limpiezas profundas periódicas del tambor, goma, filtro y cajetín, ya sea con productos específicos, vinagre o antical. De esta forma evitarás malos olores, mejorarás el resultado de cada colada y, casi sin darte cuenta, alargarás años la vida de uno de los electrodomésticos más importantes de la casa.


