Plástico reciclado en equipamiento y envases de limpieza

  • El sector de la limpieza puede integrar altos porcentajes de plástico reciclado en envases y útiles, respetando la seguridad y las normas ADR cuando es necesario.
  • Las plantas de reciclaje y los sistemas avanzados de lavado y limpieza en seco son fundamentales para obtener materiales reciclados de calidad aptos para nuevos productos.
  • La combinación de innovación tecnológica, marcos normativos exigentes y compromisos empresariales impulsa la economía circular del plástico en el ámbito de la limpieza.
  • El uso de plástico reciclado en equipamiento de limpieza reduce residuos, ahorro energético y genera oportunidades económicas y de empleo.

plástico reciclado en equipamiento de limpieza

El uso de plástico reciclado en equipamiento de limpieza y en envases de detergentes se ha convertido en una pieza clave dentro de la economía circular. Cada vez más empresas, administraciones y consumidores exigen soluciones que reduzcan residuos, ahorren recursos y mantengan unos niveles de calidad y seguridad altos, tanto en el hogar como en la industria.

En este contexto, envases, útiles de limpieza y plantas de reciclaje están evolucionando a gran velocidad: se combinan nuevos procesos de lavado, tecnologías de clasificación avanzada, normas específicas para mercancías peligrosas y proyectos pioneros que permiten aprovechar plásticos mixtos que antes acababan en vertedero. El resultado es un ecosistema complejo, pero con un enorme potencial para reducir la huella ambiental del sector de la limpieza.

El peso del envase plástico en el sector de la limpieza

Dentro de los usos del plástico en Europa, los envases concentran cerca del 40% del consumo de materiales plásticos, de un total de más de 50 millones de toneladas al año. Es, con diferencia, uno de los ámbitos donde más impacto tiene cualquier mejora en reciclaje y contenido reciclado.

En esa gran familia de aplicaciones, el envasado de sustancias y productos químicos (detergentes, desinfectantes, limpiadores industriales, etc.) ocupa un lugar muy relevante. El material rey en este tipo de envases es el polietileno, sobre todo el polietileno de alta densidad (PEAD o HDPE), muy utilizado para botellas y bidones por su resistencia química y mecánica.

Los envases tipo botellas y bidones de productos de limpieza son especialmente interesantes desde la óptica de la economía circular porque admiten, técnicamente, porcentajes significativos de material reciclado sin comprometer prestaciones. De hecho, se estima que en Europa alrededor del 24% del plástico reciclado que se obtiene se destina a aplicaciones de envase y embalaje, tanto doméstico como industrial, y una porción importante va precisamente a la fabricación de botellas para productos de limpieza.

En este entorno hay que distinguir dos grandes familias de envases: por un lado, los formatos pequeños orientados al consumo doméstico; por otro, los envases industriales de mayor capacidad, que en muchos casos se ven afectados por la normativa ADR de transporte de mercancías peligrosas por carretera.

Envases de limpieza sometidos a ADR: seguridad y plástico reciclado

Cuando hablamos de ADR, nos referimos al Acuerdo europeo relativo al transporte internacional de mercancías peligrosas por carretera. Esta regulación se aplica a sustancias, mezclas, disoluciones, artículos u objetos que, por sus propiedades físicas, químicas o toxicológicas, pueden causar daños a personas, vehículos o al medio ambiente durante su fabricación, manipulación, transporte, almacenamiento o uso.

Estas mercancías peligrosas son aquellas cuyo transporte solo está permitido bajo condiciones estrictas, con el objetivo de evitar que se agraven las consecuencias de un posible accidente. Además del ADR para carretera, existen regulaciones paralelas como RID (ferrocarril), IMDG (transporte marítimo) o DGR/OACI (transporte aéreo), que siguen la línea marcada por el Comité de Expertos del Consejo Económico y Social de la ONU.

Las sustancias y mezclas se encuadran en estos acuerdos según su nivel de peligrosidad y la cantidad transportada. En consecuencia, los envases que las contienen deben estar sometidos a un sistema de control y homologación muy exigente durante toda su vida útil, desde la elección de la materia prima hasta los ensayos de resistencia finales.

En el caso de los envases plásticos para ADR, se definen tres puntos clave de control: la materia prima, el proceso de fabricación y el propio envase terminado. El material debe cumplir unas propiedades físico-mecánicas y químicas concretas; el proceso de producción tiene que garantizar espesores, pesos y geometrías constantes; y el envase final debe reproducir las características con las que fue homologado.

La homologación implica realizar ensayos en laboratorios acreditados, donde se comprueba la compatibilidad química entre envase y contenido, así como su resistencia física mediante pruebas de caída, estanqueidad, presión hidráulica, apilamiento e incluso permeabilidad complementaria. Algunos de estos envases son reutilizables bajo condiciones estrictas, mientras que otros se diseñan para un solo uso; en cualquier caso, una vez superado su ciclo de vida, se consideran residuos peligrosos y han de gestionarse como tales.

La posibilidad de incorporar plástico reciclado en envases ADR existe, pero está muy regulada. Estos envases, aunque incluyan material reciclado, tienen que cumplir los mismos requisitos de seguridad y someterse a los mismos ensayos de homologación que los de plástico virgen.

Norma UNE-EN ISO 16103 y requisitos para el plástico reciclado en ADR

Para ordenar el uso de materiales plásticos reciclados en envases y embalajes destinados a mercancías peligrosas, se desarrolló la norma UNE-EN ISO 16103:2006. Esta norma describe requisitos, métodos de ensayo y, sobre todo, pone un fuerte énfasis en los sistemas de aseguramiento de la calidad.

Uno de los puntos que establece es la necesidad de un marcado especial en los envases que incorporan reciclado. En el caso habitual de un envase de polietileno, si lleva contenido reciclado, el marcado obligatorio incluirá la indicación REC-PE para dejar claro el tipo de material utilizado.

La norma fija además criterios básicos para el propio material reciclado: se definen tamaños máximos de lote (por ejemplo, 25 toneladas), se exige homogeneidad y se deben conocer parámetros clave como el índice de fluidez, la densidad o la resistencia a tracción. Todo ello orientado a lograr un comportamiento lo más predecible posible.

En cuanto a la recogida de envases para su reprocesado, se establecen requisitos muy estrictos aplicables a envases y embalajes industriales. Es necesario documentar el contenido previo, marcar o identificar claramente el material y la fecha de fabricación, y excluir envases que hayan contenido ciertas sustancias peligrosas, que lleven más de diez años en servicio, que muestren deterioro visible, que no puedan reprocesarse adecuadamente o que ya estén marcados con el símbolo REC.

Todo el proceso debe ir acompañado de inspecciones de verificación para asegurar que la recogida se realiza conforme a los criterios de la norma. Además, se prohíbe mezclar diferentes tipos de plásticos o diferentes formas de transformación, y se exige una limpieza a fondo del envase, tanto interior como exterior, antes de su reutilización como materia prima reciclada.

Por último, el producto final obtenido a partir de este reciclado debe pasar controles de calidad que incluyan la verificación del índice de fluidez, densidad y resistencia a la tracción, así como ensayos de resistencia química y física similares a los requeridos para el material virgen.

En la práctica, se ha comprobado que esta norma es muy complicada de aplicar con total fidelidad y no refleja exactamente la realidad actual del mercado de plásticos reciclados, más dinámico y con materias primas secundarias muy diversas. Por este motivo, el grupo de trabajo europeo responsable ha decidido reabrir su revisión y actualización, con la intención de adaptar los requisitos sin perder de vista la prioridad absoluta: la seguridad.

Envases de detergencia doméstica sin ADR y su potencial de reciclado

Los envases de productos de limpieza domésticos suelen contener sustancias con cierta peligrosidad, pero por su volumen reducido y el tipo de formulación, quedan fuera del alcance del ADR. Aquí entran las típicas botellas de detergente para suelos, lavavajillas, limpiadores multiusos, suavizantes, etc.

Al no estar sometidos a una normativa específica tan estricta como la de mercancías peligrosas, el uso de material reciclado en estos envases depende básicamente de que se cumplan las especificaciones técnicas que establezca cada fabricante. En la práctica, esto abre una puerta interesante para elevar rápidamente el porcentaje de plástico reciclado incorporado al mercado.

Aun así, hay ciertos aspectos a vigilar. Uno de los más importantes es la resistencia al agrietamiento por tensión en presencia de agentes químicos (conocido como stress cracking). Este fenómeno no depende solo del tipo de polietileno, sino también del diseño del envase: geometrías con esquinas muy cerradas, zonas debilitadas o espesores insuficientes pueden favorecer la aparición de fisuras.

Por ello, se recurre a normas como la UNE 53975:2007 para envases de polietileno, que establece cómo ensayar la resistencia al agrietamiento en un entorno químicamente activo. El procedimiento consiste en llenar el envase con el producto real (o un simulante con propiedades equivalentes), someterlo a una temperatura determinada y observar durante un periodo de tiempo si aparecen fisuras o pérdidas de contenido.

La industria muestra un interés creciente por aumentar el contenido de reciclado en envases domésticos. Grandes envasadores, marcas de referencia y cadenas de distribución están poniendo en marcha acuerdos voluntarios para fijar objetivos de incremento progresivo del contenido reciclado, más allá de lo que exige la legislación.

Un ejemplo es la iniciativa promovida por ADELMA (Asociación de Empresas de Detergentes y de Productos de Limpieza, Mantenimiento y Afines), que ha lanzado un compromiso sectorial para incrementar el uso de plástico reciclado en los envases de detergencia durante los próximos años, apoyando el desarrollo de materiales secundarios de mayor calidad.

Tipos de reciclado de plásticos aplicados a la limpieza

Al hablar de envases y equipamiento de limpieza fabricados con reciclado, conviene diferenciar entre reciclado mecánico y reciclado químico, dos grandes familias de procesos que se complementan entre sí.

El reciclado mecánico es el más extendido y consiste en recoger, clasificar, triturar, lavar y regranular los plásticos para convertirlos en materia prima secundaria en forma de escamas o pellets. Este tipo de reciclado es muy adecuado para flujos relativamente homogéneos, como botellas de PET, garrafas de HDPE o film de polietileno.

El reciclado químico, por su parte, busca romper la estructura del polímero para regresar a monómeros, oligómeros o fracciones intermedias que puedan utilizarse como base para producir de nuevo plástico con calidad casi equivalente al virgen. Tecnologías como la pirólisis, la gasificación o la despolimerización química están ganando relevancia, sobre todo para tratar plásticos mixtos o muy contaminados que no son aptos para el reciclado mecánico convencional.

En ambos casos, el objetivo final es claro: disponer de plásticos reciclados de alta calidad con propiedades estables, que puedan ser utilizados en envases de detergencia, piezas de equipamiento de limpieza y otros productos, sin comprometer la seguridad ni el rendimiento.

Las posibilidades tecnológicas en este ámbito son enormes, pero también lo son los retos asociados a la estandarización, la trazabilidad de los flujos de residuos y la competitividad económica frente a la resina virgen procedente del petróleo.

Plantas de reciclaje de plástico: estructura y procesos clave

Las plantas de reciclaje de plástico son el corazón de toda esta cadena circular. Gracias a ellas, los residuos de envases, útiles de limpieza o plásticos agrícolas se convierten de nuevo en materias primas que alimentan nuevas aplicaciones.

Estas instalaciones contribuyen directamente a la economía circular, alargar la vida útil de los materiales, reducir la dependencia de recursos fósiles y rebajar la cantidad de residuos que acaba en vertedero o en el medio natural. Además, generan empleo, dinamizan economías locales y reducen el impacto ambiental asociado a la producción de plástico virgen.

En el plano medioambiental, reciclar plástico supone disminuir la contaminación de suelos y aguas, disminuir el volumen de residuos enviados a vertederos e incineradoras y ahorrar energía, ya que la transformación de plástico reciclado en nuevos productos requiere menos energía que la síntesis de polímeros desde petróleo o gas natural.

El proceso típico de reciclaje se compone de varias fases encadenadas: recolección, clasificación, descontaminación, trituración y reprocesado. Cada una de ellas está respaldada por equipos específicos que determinan la eficiencia y la calidad del material recuperado.

Todo arranca con la recogida de residuos a través de sistemas municipales, puntos limpios o vías industriales, que entregan los materiales a la planta. Una vez allí, se procede a la clasificación por tipo de polímero y por tamaño, separando PET, PEAD, PP, film, mezclas complejas, metales o impropios como papel, vidrio o materia orgánica.

Tras la clasificación, se pasa a una etapa de limpieza y descontaminación, crítica para evitar que restos de etiquetas, tierra, adhesivos, detergentes o comida comprometan las propiedades del plástico reciclado. Luego, el material se tritura en fragmentos de tamaño controlado y se acondiciona para su posterior transformación en gránulos listos para ser usados por la industria.

Tecnologías de lavado de plástico y mejora de la calidad del reciclado

Para que el plástico reciclado pueda utilizarse de nuevo en equipamiento y envases de limpieza, es imprescindible que llegue a un nivel de limpieza elevado. De lo contrario, la presencia de suciedad, aceites, etiquetas o restos de producto reduce su calidad y limita sus aplicaciones.

Un sistema de lavado de plásticos es una línea de maquinaria diseñada para limpiar a fondo los residuos plásticos posconsumo o postindustriales. Sin este lavado intensivo, los recicladores se encontrarían con material frágil, con propiedades irregulares, y tendrían que destinarlo solo a aplicaciones de bajo valor.

El proceso de lavado suele comenzar con una clasificación y prelavado donde se separan los tipos de plástico (PET, HDPE, PP, etc.) y se retira la suciedad superficial. Después, un sistema de trituración reduce el material a trozos pequeños, facilitando el acceso del agua y los detergentes durante el lavado principal.

En la fase central, se combinan lavados con agua fría y caliente para eliminar suciedad ligera y residuos persistentes como grasas o adhesivos. En algunos casos se añaden productos químicos de limpieza, siempre controlando que no dejen residuos indeseados en el plástico reciclado.

Posteriormente, la limpieza por fricción mediante equipos rotativos de alta velocidad elimina contaminantes adheridos, y el material se enjuaga con agua limpia para retirar cualquier resto de detergente o partículas finas. Finalmente, se procede al secado mediante centrifugadoras o secadores de aire caliente, obteniendo un plástico seco y listo para extrusión o granulación.

Estos sistemas de lavado tienen aplicaciones en múltiples segmentos: desde el reciclaje de botellas PET para nuevas botellas o fibras textiles, hasta el procesamiento de film agrícola o film de embalaje, pasando por residuos plásticos mixtos procedentes de fracciones municipales. En todos los casos, el objetivo es el mismo: alcanzar una calidad que permita fabricar productos nuevos competitivos.

Plantas de limpieza en seco para plástico agrícola

El plástico agrícola (cubiertas de invernadero, films de acolchado, mallas, tuberías, etc.) plantea un reto particular: suele llegar a la planta cargado de tierra, restos vegetales y otros contaminantes que dificultan el lavado tradicional y disparan el consumo de agua.

Para este tipo de residuos han surgido las plantas de limpieza en seco, una solución innovadora que permite limpiar, separar y secar plásticos agrícolas sin depender tanto del agua. Con ello se reduce el impacto ambiental del proceso y se consigue un material con calidad suficiente para ser reciclado.

La limpieza en seco de plástico agrícola se estructura en tres grandes etapas. Primero, un pretratamiento mecánico: los plásticos se trituran y acondicionan para facilitar la eliminación de contaminantes. Después llega la fase de separación mediante mesas densimétricas, ciclones de aire o sistemas vibratorios que apartan tierra, piedras y restos de cultivo. Por último, se completa un secado por fricción o térmico que deja el material preparado para su reprocesado.

Este enfoque permite reducir notablemente el consumo de agua y energía, optimizar el flujo de trabajo y minimizar el volumen de lodos o aguas residuales generadas. Además, posibilita el tratamiento de grandes volúmenes de film agrícola altamente contaminado que, de otro modo, tendrían un destino mucho menos sostenible.

Empresas especializadas como Grupo Castillo, a través de firmas como Yaimax o SIR – Soluciones Industriales para el Reciclaje, diseñan y suministran este tipo de plantas de limpieza en seco. Ofrecen líneas nuevas a medida, instalaciones llave en mano e incluso maquinaria de ocasión revisada, complementadas con servicios de mantenimiento, reparación y reconstrucción de equipos.

Con más de una década de experiencia, este tipo de proveedores han demostrado que la combinación de innovación tecnológica, eficiencia operativa y sostenibilidad es perfectamente viable en sectores tan exigentes como el reciclaje de plásticos agrícolas.

Innovación europea en limpieza de residuos plásticos mixtos

Uno de los desafíos más difíciles del reciclaje es la gestión de los plásticos mixtos y muy contaminados, como la fracción plástica de los residuos domésticos. Tradicionalmente, este tipo de material se ha considerado poco rentable de reciclar y acababa en vertedero o incineración.

En Europa se están desarrollando proyectos de alto nivel tecnológico para cambiar este panorama. Un ejemplo es el proyecto EGREMPLARE, enmarcado en Horizonte 2020, que aborda la limpieza y separación de plásticos mixtos de forma avanzada, con el objetivo de aumentar de forma muy significativa la fracción reciclable.

La empresa Tusti B.V., especializada en reciclaje de alta tecnología, ha trabajado en procesos de limpieza con líquidos biológicos y biodegradables que consumen poca energía y no generan flujos de residuos nuevos. Esta tecnología, pendiente de patente, se combina con sistemas inteligentes de separación adaptados a mezclas plásticas muy sucias y complejas.

Gracias a este enfoque, se ha logrado incrementar entre un 60% y un 85% la cantidad de plástico que puede reciclarse en comparación con tecnologías convencionales. El proyecto ha incluido el diseño de una planta para tratar unas 10.000 toneladas de plásticos mixtos, con la vista puesta en su explotación a escala optimizada y la creación de un mercado para los productos obtenidos.

Desde el punto de vista ambiental, cada tonelada de plástico reciclado de esta forma sustituye a plástico nuevo, reduce el consumo de petróleo y las emisiones de CO₂ y ayuda a cumplir los objetivos europeos de reducción de vertido e incineración. Además, desde el punto de vista económico, se persigue que los proveedores de residuos dejen de pagar por deshacerse de los plásticos mixtos y que los clientes puedan comprar materia prima reciclada de alta calidad a un precio más competitivo que la resina virgen.

Situación del reciclaje de plásticos en España: materiales y retos

En España se ha consolidado un tejido importante de plantas de reciclaje de plástico, con 121 instalaciones repartidas por diferentes comunidades autónomas. Las regiones con mayor concentración de plantas son Andalucía, Cataluña y la Comunidad Valenciana, reflejando un compromiso claro con la gestión de residuos y la economía circular.

Los materiales más reciclados en estas plantas incluyen PET (polietileno tereftalato), PEBD (polietileno de baja densidad) y PEAD (polietileno de alta densidad), muy presentes en botellas, bidones, film y otros envases utilizados en el sector de la limpieza y en muchos otros ámbitos.

Sin embargo, el sistema se enfrenta a desafíos importantes. La contaminación de la fracción reciclable por impropios (orgánicos, papel, metal, vidrio) y la mezcla de diferentes tipos de plástico en un mismo residuo reducen la calidad del reciclado y elevan los costes de tratamiento.

Los llamados plásticos mixtos (varios polímeros combinados o productos multicapa) son especialmente problemáticos: resultan difíciles de separar, tienen propiedades muy heterogéneas y, en muchas ocasiones, su reciclaje mecánico puro no es económicamente viable, lo que termina derivando en más vertido o incineración.

A todo ello se suma una insuficiente concienciación ciudadana sobre la correcta separación de residuos. Cuando los envases se depositan mal en los contenedores o se mezclan con fracciones inadecuadas, la eficiencia de las plantas baja y se desperdicia parte del potencial de reciclado.

Para mejorar esta situación son clave las campañas de educación y sensibilización, tanto en escuelas como en comunidades y empresas. Explicar de forma clara cómo separar, qué va en cada contenedor y por qué es importante, puede marcar una gran diferencia en las tasas de recuperación de plástico apto para reciclaje.

Marco normativo, economía circular e impacto económico

La Unión Europea ha ido reforzando su marco normativo sobre residuos y plásticos con el fin de aumentar las tasas de reciclaje, reducir el vertido y fomentar la responsabilidad extendida del productor. Entre otras medidas, se han fijado objetivos ambiciosos de reciclado de envases plásticos para las próximas décadas.

Las políticas públicas incluyen restricciones crecientes a los plásticos de un solo uso, sistemas de responsabilidad ampliada que obligan a los fabricantes a financiar la gestión de los residuos que generan y metas de contenido reciclado mínimo en ciertos tipos de envases, lo que empuja al mercado hacia materiales secundarios de mayor calidad.

En paralelo, el reciclaje de plásticos se revela como una oportunidad económica relevante. Las plantas de reciclaje, las empresas de recogida, los fabricantes de maquinaria y los transformadores que usan material reciclado generan miles de empleos directos e indirectos en logística, mantenimiento, ingeniería y operaciones.

Además, la producción de plásticos reciclados suele requerir menos energía que la fabricación de plástico virgen, con el consiguiente ahorro de costes energéticos para la industria y una reducción de emisiones de CO₂ respecto a un escenario basado únicamente en recursos fósiles.

En este contexto, empresas tecnológicas, recicladores y fabricantes de equipamiento de limpieza tienen un terreno fértil para innovar, lanzar nuevas gamas de productos y posicionarse como referentes en sostenibilidad ante administraciones y consumidores cada vez más exigentes.

Equipamiento de limpieza fabricado con plástico reciclado

Más allá de los envases, el equipamiento de limpieza (escobas, recogedores, cubos de fregado, fregonas, mopas, estropajos, etc.) representa un campo ideal para incrementar el uso de plástico reciclado, ya que no entra en contacto directo con alimentos ni requiere, en la mayoría de los casos, certificaciones tan estrictas como los envases para productos peligrosos.

Dentro de esta categoría encontramos desde útiles fabricados con materiales 100% naturales y biodegradables, como los estropajos de esparto, hasta herramientas plásticas fabricadas con altos porcentajes de resina reciclada. De este modo se diversifican las opciones para el consumidor que busca productos más respetuosos con el medio ambiente.

Un ejemplo de apuesta por el plástico reciclado en equipamiento doméstico es la gama Eco Ocean de Clim Profesional. Esta línea de productos de limpieza ecológicos va un paso más allá al utilizar plástico reciclado procedente del medio marino, contribuyendo a la retirada de residuos de los océanos y dándoles una segunda vida en forma de útiles de uso diario.

Dentro de esta gama se incluyen artículos como cubos de fregado ecológicos, escobas de diferentes durezas de fibra y recogedores con o sin mango, pensados tanto para consumo doméstico como para uso profesional. Así, se combina funcionalidad, calidad y un mensaje claro de compromiso ambiental.

Empresas de venta online especializadas en productos de limpieza ecológicos al por mayor facilitan el acceso a este tipo de artículos, con envíos a domicilio y asesoramiento personalizado antes, durante y después de la compra, lo que ayuda a que tanto profesionales como particulares den el salto hacia soluciones más sostenibles sin complicaciones.

Compromisos empresariales y soluciones ECO en productos de limpieza

Muchas compañías del sector, como Grupo Akua y otros fabricantes y distribuidores, están orientando sus esfuerzos a desarrollar productos de limpieza ecológicos y envases 100% reciclables y reutilizables. La idea no es solo cambiar el contenido químico, sino también repensar el envase y los útiles asociados.

En este tipo de estrategias cobra protagonismo la filosofía de las tres R: reducir, reutilizar y reciclar. Reducir implica optimizar formatos, concentrar productos y usar menos material de envase; reutilizar, diseñar envases recargables o sistemas de recambio; y reciclar, asegurar que el plástico empleado tenga salida en las cadenas de recuperación existentes.

Como resultado de esta nueva mentalidad, han aparecido en el mercado soluciones ECO que promueven la “limpieza verde”, ya extendida en otros países, pero todavía en desarrollo en España. Se trata de gamas completas que abarcan desde productos químicos más respetuosos con el entorno hasta celulosas certificadas, útiles desechables menos impactantes y bolsas de basura fabricadas con altos porcentajes de material reciclado.

La demanda aún puede considerarse moderada si se compara con otros mercados europeos, pero las grandes superficies y las marcas líderes empiezan a apostar con fuerza por este tipo de productos, apoyadas por consumidores cada vez más sensibilizados con la contaminación por plásticos y el cambio climático.

Para que esta transición se consolide, es esencial que las empresas no se queden solo en el marketing, sino que integren de verdad el contenido reciclado en sus productos, mejoren la reciclabilidad de sus envases, colaboren con recicladores y participen en iniciativas sectoriales que impulsen estándares comunes y objetivos medibles.

La combinación de envases con alto porcentaje de reciclado, equipamiento de limpieza producido a partir de plásticos recuperados y tecnologías avanzadas de lavado y clasificación en plantas de reciclaje permite que el sector de la limpieza se convierta en uno de los motores de la economía circular del plástico, demostrando que es posible mantener niveles altos de higiene y eficacia reduciendo al mismo tiempo el impacto ambiental.

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